“El ministro francés de Exteriores, Bernard Kouchnet, considera que hay una ‘contradicción permanente entre los derechos humanos y la política exterior de un Estado’.”
Noticia de Prensa
Kouchner ha sido siempre un activista –a veces muy controvertido- de los derechos humanos. Fundó Médicos sin fronteras y posteriormente Médicos del Mundo, e hizo campaña ante los organismos internacionales en pro del “derecho de injerencia”, es decir, de la legitimidad de inmiscuirse en los asuntos de una nación cuando en ella se violen los derechos humanos. Cuando llegó al ministerio creó una Secretaria para la defensa de los estos derechos. Acaba de decir que se arrepiente de haberlo hecho porque la política exterior de un Estado está en contradicción con los derechos humanos. ¿Qué pensar de una afirmación así? Lo más fácil es tacharla de cínica. Pero eso elude el problema, porque él también lo hubiera dicho cuando veía los toros desde la barrera. Estamos hablando de la “tragedia ética”, que conviene no olvidar. Las normas éticas son la mejor solución que hemos inventado para resolver los problemas de la convivencia, pero sólo funcionan cuando todo el mundo las cumple. Por eso hay que considerar a quien las viola como un peligro público. Nos está empujando hacia la selva, donde sólo rige la ley del más fuerte. El inmoral corrompe siempre. Fuerza a los demás a tomar medidas para ponerse a salvo. Cuando se trivializa sobre temas éticos, cuando se aplauden los excesos de poder, cuando toleramos comportamientos injustos, desleales, deshonestos, estamos abriendo la puerta a cualquier indignidad.
